Las verdaderas estrellas de cine clásico
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domingo, 14 de febrero de 2016

Historias de San Valentín: parejas de película II

Retomando el post del año pasado por estas fechas, Historias de San Valentín: parejas de película I. Deciamos que desde que en 1896, May Irwin y John Rice protagonizaran el primer beso cinematográfico de la historia en una cinta llamada The Widow Jones, pero la historia y esta anécdota le han puesto el sobrenombre de The Kiss, por el cine han pasado multitud de parejas y besos.

Ahora toca repasar otra tanda de parejas y besos de cine. En Gilda (1946), Rita Hayworth y Glenn Ford compartieron este bonito momento.


Unas largas Vacaciones en Roma (1953) fueron las "culpables" de este beso entre Audrey Hepburn y Gregory Peck.


Robert Cummings y Grace Kelly en Crimen perfecto (1954).


También en Atrapa a un ladrón (1955) Grace Kelly protagonizaba otro de los besos más recordados del cine. En esta ocasión junto a Cary Grant.

"Qué prefiere, ¿muslo o pechuga?”. Que una señorita de la buena sociedad de Filadelfia dispare a bocajarro preguntas como esta descoloca hasta al mismísimo Cary Grant. En este film, a pareja Kelly-Grant nos aleccionaban sobre los misterios del amor. 


Tony Curtis y Marilyn Monroe en una de las escenas de Con faldas y a lo loco (1959).


Marcello Mastroianni y Anita Ekberg no podían haber elegido mejor escenario para protagonizar una de las escenas inolvidables de La dolce vita (1960) que la Fontana di Trevi.


Elizabeth Taylor, convertida en Cleopatra (1963), en una escena de la película del mismo nombre junto a Richard Burton.


Otra protagonizada por Elizabeth, esta vez junto a Paul Newman, La gata sobre el tejado de zinc. La 'gata' Maggie luchando por su derecho al amor y a la felicidad frente a Brick, arrastrando su impotencia en pijama y muletas. 

"Tú no sabes lo que significa el amor. Para ti, es solo otra palabra de cuatro letras”.




A pesar de la censura, Mae West dejó algunas de las sentencias amorosas más memorables añadiéndole las necesarias dosis de cinismo a las cosas del corazón. No soy un ángel, (Wesley Rugless, 1933) junto a Cary Grant.

"No son los hombres de tu vida lo que cuenta, sino la vida que hay en tus hombres".




lunes, 23 de marzo de 2015

4 años sin Elizabeth Taylor

El 23 de marzo de 2011 murió Elizabeth Taylor, una de las últimas sobrevivientes de aquella época dorada de las intérpretes femeninas en Hollywood (Audrey Hepburn, Marilyn Monroe e Ingrid Bergman, entre muchas otras que con su glamour embelesaban el lente). Taylor, quien fue reconocida por su espectacular y deslumbrante belleza, con ojos de un raro color violeta, desde la década de 1950 se erigió como uno de los mitos del Séptimo Arte. Fue también sumamente popular por su tormentosa vida privada y su pasión por las joyas. 

La diva nacida en suelo británico apenas pudo sobrevivir la prematura muerte de su mejor amigo durante décadas, otro icono pop mundial: Michael Jackson, fallecido menos de dos años antes de la partida definitiva de Taylor, ella a los 79 abriles. 

Precisamente fue en la pintoresca residencia de Jackson donde la actriz se casó por séptima vez en 1991, avivando aún más una de las aristas de su vida privada que menos admiraban sus seguidores: su turbulenta vida romántica. Muchas veces los escándalos provocados por varios matrimonios y divorcios opacaban las innegables habilidades histriónicas que la llevaron a situarse como séptima mejor actriz de las Grandes leyendas de la pantalla dentro de la lista que realizó el American Film Institute (AFI) en 1999. 

¿Cómo olvidarnos de su entrañable papel en Quién le teme a Virginia Woolf (1966) o Cleopatra (1963)? Eran papeles que sólo Taylor podía traer a la vida, ya que se trataba de mujeres de carácter fuerte e irreverente, algo en lo que la pequeña de poco más de metro y medio se especializó y ningún escándalo mancharía esa realidad. Cleopatra ya le había valido para consagrarse como estrella indiscutible de los estudios 20th Centry Fox, pero aquel retrato de la controversial y a veces cruel Martha de Virginia Wolf le mandó directo a la cumbre del séptimo arte, hazaña que le valió un Oscar como Mejor Actriz Principal ese año. Muy pocos niegan que es su papel más representativo y además la cinta fue todo un éxito, logrando nominaciones al Oscar en cada una de las categorías en las que podía concursar (llegó hasta 13) y logró dar el envión decisivo a la carrera del entonces joven director Mike Nichols.

Fuente:noticiaaldia.com

sábado, 14 de febrero de 2015

La Noche Temática: El Glamour de Hollywood


La Noche Temática inicia su emisión con el documental Glamour, una producción francesa de 2011 dirigida por Galeshka Moravioff, de 52 minutos de duración y producida por Films sans Frontières. Continúa su emisión con el documental El rostro de Elizabeth Taylor, una producción francesa de 2014 dirigida por Lisa Fairbank, de 52 minutos de duración y producida por TVF International. SÁBADO 14 DE FEBRERO A LAS 23.00H EN LA 2 DE TVE


El trabajo de los diseñadores de vestuario tuvo un impacto emblemático y fue esencial, en el glamour de Hollywood entre los años 20 y 50. El vestuario se utilizaba de forma totalmente premeditada. Un nombre que siempre nos sugiere glamour es el de Elizabeth Taylor. Su gran talento y un rostro perfecto la convirtieron en superestrella mundial en los años 50.


El vestuario es la pieza central de la puesta en escena en películas como Los caballeros las prefieren rubias, La dama de la Trinidad, Los pájarosToda la banda está aquí o El expreso de Shanga, detrás descubrimos el trabajo de los principales diseñadores de vestuario: Travilla, Jean-Louis, Edith Head, Adrian y Travis Banton.


La elegancia de Jean-Louis se basó en la caída de los tejidos, utiliza satenes pesados, tejidos que transmiten cierta pesadez, pero que confieren dibujo. Su trabajo lo podemos ver en La dama de la Trinidad o Imitación a la vida. Edith Head, trabajaba mucho en los trajes de chaqueta, como los que lució Tippi Hedren en Los pájaros, también vistió muchas veces a Cary Grant y Fred Astaire.

Travis Banton, Toda la banda está aquí o El expreso de Shangai, habla de la condición fatal de la mujer. Hay algo en él fundamentalmente barroco. También prestó mucha atención al velo, un elemento esencial del glamour. Una prenda facial, que permitía crear relieves en el rostro, resaltar los ojos o un pómulo. Como ejemplo El expreso de Shangai, interpretado por Marlene Dietrich.


Adrian, Mujeres o Historias de Filadelfia, es el más moderno de todos. Creó un vestuario para el cine, que podía utilizarse en la vida cotidiana, en la vida real. Y terminamos con Travilla, que es el más provocador de todos. El más erótico. Disfrutamos de sus diseños en Los caballeros las prefieren rubias con Marilyn Monroe.

Los cinco tienen estilos diferentes, pero con sus diseños producen glamour, y convierten en objetos de deseo a estrellas del cine como: Marilyn Monroe, Rita Hayworth, Greta Garbo, Marlene Dietrich, Lana Turner, Ava Garner o Katherine Hepburn entre otras.

Existe un lenguaje de vestuario en el cine, aunque éste no es siempre fácil de comprender. Tanto la utilización del vestuario, como de los colores, suele estar codificado culturalmente. Si tomamos como ejemplo Gilda, (Diseño de vestuario Jean Louis), el vestido sin tirantes formaba parte del encanto de Rita Hayworth. Ella realiza en el escenario un estriptis que consiste en quitarse unos guantes largos, algo que nos dice mucho acerca del sistema de valores, de lo que era posible y lo que no era posible en Hollywood en los años cuarenta. Pero está hecho de una forma muy sensual, el vestido sin tirantes, brillante y ajustado, contribuye a esa atmósfera de sensualidad.

Si hay un color, por encima de todos, que encarna el glamour, es sin duda el rojo. Pero fue el blanco y negro quien capturó la esencia del glamour de las estrellas de cine de los años treinta y cuarenta, y de las grandes películas clásicas del Hollywood.

Por otro lado, La noche temática también ofrece un documental sobre Elizabeth Taylor. Estrella de Hollywood desde los nueve años, y en dos ocasiones recibió el codiciado Oscar a la mejor actriz. Sus ocho matrimonios fueron sonados. Elegante y apasionada de las joyas, fue una de las primeras celebridades en formar parte de la jet set y en ser acosada por los paparazzi. Sería la primera actriz en ganar un millón de dólares, con su papel de Cleopatra, la primera en lanzar un perfume y la primera en encabezar una marcha por los afectados por el sida. Fue una pionera y un icono. Sus ojos color violeta la convirtieron en una de las mujeres más bellas de todos los tiempos.


Su gran oportunidad llegó cuando fue elegida para protagonizar el largometraje Fuego de Juventud en 1944, sólo tenía 12 años. Película que lanzó a la joven al estrellato. Con sólo dieciocho años de edad, ya había rodado una docena de películas.

Elizabeth Taylor fue una niña estrella de la Metro Golden Mayer. El estudio controlaba todo, incluso le eligió sus dos primeros maridos. En 1950, cuando acababa de cumplir dieciocho años, Elizabeth protagonizó junto a Spencer Tracy la comedia El padre de la novia. El estudio decidió que la película podía tener aún más éxito si Elizabeth se casaba también en la vida real, como lo hacía en la ficción. Y encontraron el marido perfecto para ella, Nicky Hilton. Él la insultaba y maltrataba, su matrimonio sólo duró seis meses.

La prensa criticó la brevedad del matrimonio de Elizabeth con Nicky, así que la MGM le buscó rápidamente un sustituto: el actor inglés Michael Wilding. De pronto, la imagen que ahora reflejan las revistas era de Elizabeth con dos hijos pequeños en el regazo y un esposo satisfecho en su papel de hombre hogareño. Tras cuatro años de matrimonio, Elizabeth se separa de su segundo marido, Michael Wilding.

Hacia mediados de la década de los cincuenta, no era feliz haciendo películas en la Metro, no le gustaba el control que el estudio había ejercido sobre sus dos primeros matrimonios. Entonces conoció a alguien que prometió liberarla de los estudios. Mike Todd era productor de Hollywood, quería hacer películas con ella y también casarse con ella. Los Todd fueron los precursores de la “jet set” y eran los niños mimados de la prensa.

La felicidad de Elizabeth fue completa cuando tuvo a Liza, la hija de Mike Todd, en agosto de 1957; pero pronto les golpearía la tragedia. Cuando el avión de Mike se estrelló, en algún punto de Arizona, y él murió en el acto. Elizabeth tenía veintinueve años cuando enviudó quedándose con tres niños pequeños. Al poco tiempo, Liz empezó un idilio con un hombre casado, el mejor amigo de su difunto esposo. De la mañana a la noche, pasó de tener toda la solidaridad de la opinión pública por haber perdido a Mike a ser una destroza hogares. En el plazo de un año, Liz y Eddie decidieron actuar con decencia y se casaron; sería su cuarto marido.

En 1961, gana un Oscar a mejor actriz por Una mujer marcada. Elisabeth era un bien codiciado. Acababa de ganar un Oscar y por fin estaba libre del contrato con el estudio. Así que, cuando la Fox le pidió que interpretara a Cleopatra, ella exigió un millón de dólares.

Durante el rodaje de Cleopatra, sorprendió al mundo cuando inició un apasionado y adúltero idilio con Richard Burton. Los dos estaban casados cuando iniciaron su relación. El periodismo sensacionalista, surgió aquél año, en 1961 o 1962, en Roma, con Elizabeth Taylor y Richard Burton. Cuando concluyó el rodaje empezaron su nueva vida juntos. Las imágenes captadas por los paparazzi, se extendían por todo el mundo.

Fue una de las parejas más polémicas de Hollywood. Peleas, escándalos y borracheras marcaron la relación de diez años. 16 meses después de su separación, la pareja se volvió a casar en 1975, esta vez su relación duró sólo un año.

Elizabeth Taylor dijo que los tres grandes amores de su vida habían sido Mike Todd, Richard Burton y las joyas. Su pasión por las joyas era célebre en todo el mundo.

En 1966 gana su segundo Oscar a mejor actriz por ¿Quién teme a Virginia Woolf? Película en la que sorprendió a todos por su gran interpretación de Marta, una mujer vieja, alcohólica y con sobrepeso. Elizabeth Taylor fue nombrada Dama del Imperio Británico por la reina de Inglaterra en el año 2.000. Su ajetreada vida personal y sus éxitos profesionales marcaron toda su vida. La actriz de ojos violeta nos dejó en el 2011 a la edad de 79 años.

viernes, 17 de octubre de 2014

El atormentado Monty Clift

Atormentado, emulando de cierta manera el personaje que interpretó en 1951 a las órdenes de George Stevens. Así fue Montgomery Clift durante gran parte de su existencia, una estrella atípica, difícil de descifrar. Tan solo y acabado que apareció muerto en 1966 en su cama, desnudo y boca abajo, con las gafas de sol puestas y sacudido tras un ataque al corazón, aunque en su muerte hubiera de fondo una larga adicción a los medicamentos de prescripción. Tenía 45 años.

Es un relato complejo y complicado que ha recogido Anne Helen Petersen en un nuevo libro sobre el hombre del que se dijo que estuvo terriblemente enamorado de Elizabeth Taylor y que al mismo tiempo fue considerado un icono gay en muchos ámbitos.

La autora lo atribuye al hecho de su aburrida vida social, de la falta de titulares que generó en ese aspecto. "Era un hombre extraño", expresa, un hombre que insistió en mantener su residencia en Nueva York y pasar el menor tiempo posible en Hollywood, un tipo que sobrevivía con solo dos comidas al día, casi siempre a base de huevos, un filete y zumo de naranja, esquivando las discotecas para dedicarse a las lectura de autores como Chejov o Aristóteles, su guía en la vida.

En parte por eso dice que "su vida privada era aburrida. No salía con chicas, no flirteaba con nadie y no se dejaba ver en público acompañado. Su imagen, era, más que nada, confusa". Todo ello contribuyó a la especulación sobre su orientación sexual, sobre su presunta homosexualidad, aunque su constante reserva no permitió nunca comprobarlo de forma fehaciente.

De un futuro matrimonio, decía que solo acometería semejante empresa si llegaba la chica adecuada, y que mientras tanto prefería explorar el terreno. Después, cuando un periodista le preguntó si tenía algún hobby dijo que sí, que las mujeres, aunque más bien parecía una maniobra de distracción que un interés real.

Otros decían que era bisexual y otros apostaban incluso por su falta de interés absoluto por el sexo. Todo ello quedó en un segundo plano tras su terrible accidente de tráfico. Sucedió en la noche del 12 de mayo de 1956 durante el rodaje de El árbol de la vida, volviendo de cenar con su gran amiga Elizabeth Taylor y su marido de aquel entonces, Michael Wilding.

Su recuperación nunca fue total, añadiendo unos diez años a su apariencia física. No quedó desfigurado, pero su tirón en la meca del cine ya no volvió a ser el mismo. Fue entonces cuando se agarró al alcohol y a los medicamentos para poder soportar la soledad y sus ansiedades. En 1961, durante el rodaje de Vidas rebeldes, Marilyn Monroe dijo de él que era la única persona que conocía que estaba en peor estado físico que ella, siendo como fue para la rubia platino, su última película.

Sus últimos años fueron tristes, decadentes. "Se estaba saliendo de su carrera a punta de alcohol", escribió un biógrafo de Clift años después. Cansado de ser una estrella, renegando de todo su entorno. Un ser atormentado.


Fuente: El Mundo

domingo, 23 de marzo de 2014

La belleza mutante de Elizabeth Taylor

SU APARIENCIA GENERAL

"Si alguna vez existió una Helena de Troya de carne y hueso -una mujer cuya belleza fuera capaz de mover fronteras políticas o motivar el zarpe de míticos mil navíos- esa mujer fue Elizabeth Taylor". El homenaje de Sarah Ball, redactora de Vanity Fair, a la última gran diva del cine resume la imagen casi incomparable que proyectó en su carrera. Mientras sus fans solían calificar su hermosura como "incandescente", su gran amor Richard Burton llegó a afirmar que Taylor era "bella más allá de cualquier sueño".



Considerada como un ícono de la era clásica de Hollywood -siempre aparecía en público con su cabello perfectamente arreglado, un sofisticado maquillaje y numerosas joyas-, quienes la conocieron afirmaron tras su muerte que su imagen era única. "Al entrar en una habitación, tenía la presencia más imponente de todos los presentes. Era increíble", dijo Elizabeth Emanuel, diseñadora de varios atuendos para Taylor y del vestido de boda de la Princesa Diana.

Pero más allá de la atención al detalle que prestaba hacia su propia apariencia, su atractivo también se basaba en varios rasgos que los científicos han identificado como patrones de belleza, a los que se suman factores genéticos particulares de Taylor. Estos últimos no sólo resaltaban sus rasgos, sino que también habrían influido en los problemas cardíacos que generaron su muerte.


SUS PESTAÑAS

Los ojos de  Elizabeth Taylor constituían una de las partes de más atractivas de su cuerpo. Su color violeta era único en el cine, como también sus abundantes pestañas negras, las que siempre lucían como si estuviesen maquilladas. Pero no siempre era así, poseía este tipo de pestañas porque padecía una rara mutación genética llamada distiquiasis congénita, la cual genera una fila de pestañas adicional. Esta segunda capa suele estar constituida por pestañas más cortas, delgadas y claras que las normales.


La afección de la actriz fue destapada por el sitio Huffington Post, que recurrió a un especialista para explicar el fenómeno genético: "Esta mutación en las pestañas no siempre ayuda a realzar la belleza, como es el caso de Taylor. Al contrario, puede producir graves problemas en la cornea. Además, un 7% de las personas que sufren esta malformación también tiene problemas congénitos de corazón", indicó el especialista. La autora del artículo original es Roxanne Palmer, que  publió que Elizabeth Taylor era mutante. Efectivamente: la presencia de una segunda fila de pestañas existe. Los oftalmólogos lo denominan distiquiasis y saben que se transmite de forma autosómica dominante; en otras palabras, es un rasgo congénito que los hijos de padre o madre afectados heredan con una probabilidad del 50%. Según las leyes de la genética mendeliana, y si, como parece, ninguno de los progenitores de la actriz lo mostraba, entonces la mutación brotó en el genoma de la actriz. Asumiendo todo esto, la descripción de Liz Taylor como mutante es inobjetable.

El actor Roddy McDowall, con quien Taylor compartió en la película Lassie Come Home explica que "en el primer día de filmación, los productores la miraron y dijeron 'quiten a esa niña del set. Tiene mucho maquillaje, mucha mascara en los ojos' y fueron corriendo a quitarle el maquillaje y empezaron a frotarle los ojos con un paño húmedo para quitarle el maquillaje, pero ahí se supo que no llevaba nada puesto".


El origen de la historia se remonta a la enésima biografía de la actriz que en 2006 publicó J. Randy Taraborrelli, un hagiógrafo habitual del star system. En su libro Elizabeth, este autor narra cómo en 1932 un médico invitaba a los padres de una recién nacida a su despacho para comunicarles que su bebé tenía una "mutación". "Bueno, eso sonaba horrible [...]. Pero cuando explicó que sus ojos tenían doble hilera de pestañas, pensé, bueno, ahora no suena tan terrible en absoluto", escribía Taraborrelli citando a Sara, la madre de Taylor.

Cada persona nace con entre 100 y 200 nuevas mutaciones, según estimaba un estudio británico publicado en 2009 en Current Biology. "Todos somos mutantes", decían los científicos. Liz Taylor sólo tuvo suerte. Además de una mirada irrepetible que, dicho sea, la hizo más apta para sobrevivir en el ecosistema del cine.


SUS OJOS


Uno de los rasgos que hicieron famosa a la actriz fue el color de sus ojos, que solía ser descrito como violeta. Aunque sus ojos eran en realidad de un tono azul profundo y parecían adquirir color violeta con la iluminación adecuada,  que daban más sensualidad a su mirada.


SU ROSTRO

Su rostro no sólo destacaba por el color de sus ojos, sino que por su tez pálida y pelo oscuro. Según Nancy Etcoff, sicóloga de la U. de Harvard (EE.UU.) y autora del libro La supervivencia de los más hermosos: la ciencia de la belleza, fue la combinación de estos factores lo que generó el encanto de Taylor. "Un contraste más intenso de facciones hace que un rostro se vea más femenino". Precisamente, estudios de Richard Russell -sicólogo del Gettysburg College (EE.UU.)- determinaron que los individuos participantes calificaban como más femeninas las caras que mostraban mayor contraste entre los ojos y los labios y la piel.

De hecho, dice Russell en uno de sus estudios, esto explica el éxito de los cosméticos, ya que funcionan intensificando ciertos atributos faciales. "El maquillaje opera, precisamente, para exagerar estas diferencias. Al hacer que los ojos y los labios se vean más oscuros, sin alterar la piel que los rodea, se eleva el contraste facial", explica el sicólogo en un comunicado de prensa.

Según añade Etcoff, Taylor poseía otro rasgo de belleza que la gente suele pasar por alto, como es una quijada pequeña y delicada. En la pubertad, dice la investigadora, las caras masculinas desarrollan arcos oculares más pronunciados y mandíbulas rectangulares, mientras que los rasgos femeninos permanecen menos pronunciados en esas áreas. "Si pensamos que un signo de belleza es la hiperfemeneidad, ella tenía un rostro inferior con grandes labios y quijada pequeña; ese es un aspecto de belleza muy notorio en su cara", señala.

Hace dos años, Stephen Link -sicólogo de la U. de California en San Diego- hizo que 160 estudiantes miraran cientos de rostros con distintos rasgos. ¿El fin? Identificar las proporciones faciales consideradas como más atractivas. Esta "proporción dorada" resultó ser la siguiente: cuando la distancia vertical entre los ojos y la boca de una mujer correspondía a 36% del largo de la cara, y cuando la distancia horizontal entre los ojos llegaba al 46% del ancho facial, la cara era juzgada más atractiva. Y el rostro de Taylor encajaba perfectamente en ese índice.

"Al analizar fotos de su rostro, podemos estimar sus proporciones. Y ellas son casi idénticas a las 'proporciones doradas' que encontramos. Aunque existen muchas fotografías de su rostro tomadas de diferentes ángulos, como la portada de la revista Time de 1949, las proporciones que he podido calcular son lo suficientemente exactas", dijo Link.


SU CUERPO

En términos de figura física, la ciencia también ha mostrado que el cuerpo de Taylor correspondía a un ideal de belleza femenina. Hace algunos años el hoy fallecido Devendra Singh, sicólogo de la U. de Texas y especialista , estableció que la proporción ideal era una cintura de 70 cm y caderas de 90 cm.

De acuerdon con Etcoff, Taylor encabaja casi a la perfección en esas medidas. "Ella era vista como voluptuosa. Eso se combinaba con una cadera pequeña que la hacía exageradamente femenina y atractiva", dijo.

Fuente: publico.es, diario.latercera.com

domingo, 2 de marzo de 2014

Noche de los Oscar: mujeres con historia

Hoy -técnicamente madrugada del lunes- por la noche, entre las 02:30 - 06:10 se emite la 86º ceremonia de los Oscar y como hace unos días fue su cumpleaños y a finales de mes se cumplen 3 años de su muerte, vamos a recordar a Elizabeth Taylor, ganadora de dos permios de la Academia:


Fuente: Onda Cero

Si no se oye el audio, pincha aquí

domingo, 29 de diciembre de 2013

Nuevos tesoros nacionales de Estados Unidos

Las películas Gilda, Pulp Fiction y Mary Poppins figuran entre las cintas seleccionadas en 2013 para ser incluidas en el Registro Nacional de Filmes de la Biblioteca del Congreso de EE.UU. por su "significativa" relevancia cultural, histórica o estética.

La lista ha sido anunciada esta semana por James H. Billington, encargado de la Biblioteca del Congreso, quien ha subrayado que el objetivo es "proteger la incomparable herencia fílmica de EE.UU. y su creatividad cinematográfica". Como es habitual, entre las 25 películas seleccionadas hay todo tipo de géneros, desde documentales y películas de ficción a películas mudas o de carácter experimental.


En esta ocasión, en la selección sobresalen el clásico de Hollywood de la década de 1940 con Rita Hayworth, Gilda; el éxito de Quentin Tarantino Pulp Fiction de principios de 1990, y Mary Poppins, película con la que Julie Andrews obtuvo el Oscar en 1964.

El listado lo completan filmes como El hombre tranquilo (1952), de John Ford; ¿Quién teme a Virgina Wolf? (1966), con Elizabeth Taylor; y Planeta Prohibido, una de las primeras películas de ciencia ficción, de 1956.



La única condición para ser seleccionadas hubiese sido realizada entre 1919 y 2002 y tuviese al menos diez años de antigüedad. Todas estas películas serán sometidas a un proceso de conservación y clasificación para que puedan perdurar y ser de libre acceso para las generaciones futuras.

domingo, 22 de diciembre de 2013

Estrellas vivas


Al igual que con las muertes de Marlon Brando, Elizabeth Taylor, Peter O´Toole o Joan Fontaine  hemos vuelto a oírlo: acaba definitivamente la época dorada de Hollywood. Pero eso no es cierto del todo. Todavía viven muchas estrellas de aquella época, si bien es posible que parte del público piense que han fallecido. Por ejemplo, algunos se sorprendieron al ver  a la mítica Olivia de Havilland (1916) presentando un homenaje con motivo del 75º aniversario de los Oscar. La actriz se encontraba en un excelente estado de salud, a pesar de que sus últimos años no habían sido fáciles. Tras la muerte de su hijo mayor y  de cáncer su segundo marido, Pierre Galante. De Havilland vive retirada en un lujoso piso de la calle Benouville, en el centro de París. Su última película, un telefilme sobre los amores entre Eduardo VIII y Wallis Simpson, se estrenó en 1988. Desde entonces se ha centrado en escribir sus memorias, que serán publicadas a finales de año. Posiblemente en ellas explique la tormentosa relación que siempre ha mantenido con su hermana, la actriz Joan Fontaine, con la que no se habla desde hace más de sesenta años.

Olivia junto a Bissett, recibiendo la cruz de Francia. 
En Carmel (donde Clint Eastwood fue alcalde varios años) reside Doris Day (1924). La actriz y cantante recibió la Medalla de la Libertad de la Casa Blanca, por sus logros artísticos y su frenética actividad en defensa de los animales: preside varias asociaciones benéficas y ha creado hospitales y guarderías para animales de compañía. Además, junto con su único hijo, Terry Melcher, regenta un lujoso hotel, al más puro estilo kitsch. La actriz se retiró por completo del cine en el año 1968 y desde entonces rechaza tanto su aparición en actos relacionados con Hollywood como su presencia estelar en películas.

Tampoco ha aparecido en la gran pantalla desde hace años la inolvidable Kim Novak (1933). La última vez fue en la discreta Pasiones prohibidas (1991), de Mike Figgis. Novak no necesita trabajar demasiado, ya que amasó una gran fortuna en sus años de gloria. Posee varias casas y vive con su marido, el veterinario Robert Malloy, en un rancho en Oregón, donde se dedica a la cría de caballos y llamas. En el año 2000 el matrimonio se salvó por los pelos de morir en un incendio fortuito que destrozó, entre otras cosas, el ordenador donde guardaba las memorias que ahora reescribe.


Quien las acaba de publicar es Maureen O'Hara (1920). La pelirroja protagonista de El hombre tranquilo se mantiene en muy buen estado de salud y sigue interviniendo en series y largometrajes para la televisión. Su última incursión cinematográfica hasta la fecha ha sido la comedia Yo, tú y mamá (1991), de Chris Columbus. La actriz enviudó en 1978 de su tercer marido, el aviador Charles Blair, y desde entonces es la presidenta de unas líneas aéreas, Antille Airboats. Tiene su residencia en las paradisíacas islas Vírgenes.

sábado, 5 de octubre de 2013

Mujercitas

Mujercitas, la novela  publicada en 1868  escrita por Louisa May Alcott ha sido adaptada en el cine varias veces. Hay versiones filmadas en 1917 y 1918, una de 1933 dirigida por George Cukor con Katharine Hepburn y Joan Benett, y otra de 1994, la más reciente de todas, en la que participaron estrellas como Susan Sarandon, Winona Ryder, Kirsten Dunst y Claire Danes. 

George Cukor adapta magistralmente la obra, siendo una de las mejores que se han realizado hasta el momento. Puede que ésta sea la película más fiel a la novela de que se han realizado, la mayoría del guión son diálogos de la novela de Alcott sin nigún tipo de adaptación, pero también añaden elementos que la hacen muy atractiva, principalmente el momento de la obra de teatro que crean las hermanas al inicio de la película. Una divertida aventura que vemos muy desarrollada y que le da alegría a la historia.

Una película que nos habla de amor, generosidad, convivencia, respeto, sufrimiento… Pero, sobre todo, nos habla de la familia,  de la niñez y de la importancia que tienen  valores como la honradez, la generosidad y la tolerancia. Valores que si recibes desde pequeño darás y compartirás de la forma más natural y te harán ser más feliz cuando llegues a adulto. Valores que en nuestros días creo se están perdiendo cada vez más.



Una historia entrañable en la que cabe destacar la soberbia interpretación de una jovencísima Katharine Hepburn. Solamente por verla a ella ya merece la pena la película entera. Ella es el alma conductora de la historia y representa su propia personalidad. Está clavada en el papel de Jo. Como diría su profesor Bhaer: “Un espíritu libre”. Una mujer luchadora, divertida, soñadora y, por encima de todo, valiente, capaz de romper las estrictas reglas de la sociedad americana de la época.


George Cukor consigue crear un film de gran belleza visual, con una ambientación impecable. La fotografía es de Henry Gerrard y sería uno de sus últimos trabajos antes de morir.



En esta adaptación de 1933 hay muchas anécdotas. Cuando se empezó a rodar la película Joan Bennett estaba embarazada y el diseñador de vestuario tuvo que rehacerle todos los vestidos, porque Cukor no sabía nada. Por su parte, Katharine Hepburn escribió en su autobiografía: “Era como estar en el cielo. George Cukor estuvo perfecto, captó la atmósfera al instante”. Hepburn le pidió al diseñador de vestuario, Walter Plunkett que copiara un vestido que su abuela materna llevaba en un ferrotipo que conservaba.

David O. Selznick, que, aunque no aparece en los créditos, produjo la película, fue el artífice de que el proyecto se llevara a cabo. Le costó mucho, ya que en aquella época en Hollywood se pensaba que una película de mujeres ambientada en la Guerra Civil no funcionaría. Fue un éxito y, gracias a esto, Selznick se lanzó pocos años después a la que sería su gran obra: Lo que el viento se llevó.


El interior de la casa de los March está copiado de una casa auténtica de Louise May Alcott, autora de la novela, en Massachusetts.

Otra versión es la que Mervin LeRoy realizó en 1949 en un tecnicolor con June Allyson, Margaret O’Brien, Mary Astor, Janet Leigh y… Elizabeth Taylor.

Era la cuarta vez que la historia de esas hermanas que crecen y maduran mientras se desarrolla la Guerra Civil Americana iba a ser adaptada al cine y David O. Selznick, el productor de Lo que el viento se llevó, lo tenía todo previsto para convertirla en un gran éxito. Mervin LeRoy, responsable de éxitos como El puente de Waterloo, iba a ser el director y en la película iban a participar actrices como Rhonda Fleming y Jennifer Jones, con la que Selznick se casaría pocos años después. Sin embargo, los malos resultados de Duelo al sol provocaron que el productor vendiera los derechos a la Metro-Goldwyn-Mayer y solo el director y la actriz Elizabeth Patterson, en el papel de la criada, permanecieron en el proyecto. El resto del reparto cambió completamente.


La película se toma algunas pequeñas libertades respecto a la novela. En el libro, por ejemplo, la menor de las cuatro hermanas es Amy pero la Metro quería a Margaret O’Brien, la estrella infantil de El fantasma de Canterville, para el papel de Beth. La joven actriz no había cumplido aún los doce años y era imposible que pareciera mayor que la elegida para Amy, Elizabeth Taylor, que rondaba ya los diecisiete. La solución fue muy sencilla: Beth sería la más pequeña de todas. Por cierto, que la cesta que lleva este personaje en algunas escenas es la misma que usó Judy Garland en títulos como El mago de Oz y Cita en St. Louis.

June Allyson, que interpreta a Jo, también tuvo problemas con la edad. Pasaba de los treinta años y debía interpretar a una chica que, al comienzo de la historia, tiene tan solo quince. Pero la magia de Mujercitas lo perdona todo. Vista superficialmente puede parecer tan solo un film cursi, melodramático y lacrimógeno pero, al igual que ocurre con el libro, es una película que muestra personajes femeninos fuertes y decididos. Jo quiere convertirse en escritora y nada ni nadie se lo impedirá. Publica pequeños cuentos y relatos, se emancipa y se va a vivir lejos de su casa e incluso prescinde de su rasgo femenino más característico, su larga melena, cuando las circunstancias así lo requieren.



FUENTE: El País.es, Las cuatro hermanitas (Lopez Linares)

viernes, 28 de junio de 2013

Muere el fotógrafo de las estrellas

Bert Stern, quien fotografió a algunas de las mujeres más bellas del planeta, entre ellas, Audrey Hepburn, Elizabeth Taylor, Sophia Loren y Brigitte Bardotfalleció en Nueva York a os 83 años, según confirmó su pareja a la agencia AFP. “Bert Stern murió ayer, miércoles”, aseguró Shannah Laumeister en un escueto correo electrónico. 

Era conocido sobre todo por las instantáneas de una Monroe ampliamente desvestida, que realizó en el Hotel Bel-Air de Los Ángeles en junio de 1962. Durante tres días, Stern tomó 2.571 fotos, que años después se convertirían en el libro Marilyn Monroe: The Complete Last Sitting. La actriz falleció ese mismo verano, el 5 de agosto.




fuente: El País


miércoles, 26 de junio de 2013

Subastado el vestido de novia de Elizabeth Taylor

El primer vestido de novia de Elizabeth Taylor, con el que dio el "sí quiero" en 1950 a su primer marido, Conrad "Nicky" Hilton, se subastó hoy en la casa Christie's de Londres por 143.569 euros, muy por encima del precio estimado.

El vestido de novia con el que la actriz británica Elizabeth Taylor dio en 1950 el "sí quiero" a su primer marido, Conrad "Nicky" Hilton.La pieza, diseñada por Helen Rose y de corte imperio, tenía un valor de salida de entre 35.388 a 58.979 euros, superado con creces en una concurrida puja. Liz Taylor se enfundó el espectacular modelo a los 18 años para el que fue el evento social del año en Hollywood, un enlace al que acudieron más de 700 invitados y que fue descrito como "la boda de las bodas".

Entonces, la joven británica era ya una conocida estrella de cine que estaba a punto de recibir una nominación a los Oscar por su papel en la cinta Un lugar bajo el sol (1951).

Con sus casi 23 metros de raso color perla engalanados con perlas cultivadas y pedrería, el vestido incorporaba un corsé que ceñía la cintura de la actriz y se acompañó con un velo de más de nueve metros de largo realizado con seda.

Según el catálogo de Christie's, más de quince personas trabajaron a tiempo completo durante casi tres meses para completar el vestido. "Nos sentimos muy honrados de que se nos haya encargado la venta de este icónico vestido de boda, que supone una pieza importante en la historia de Hollywood", declaró una de las directoras de la casa londinense, Nicolette Tomkinson.

Entre los lotes a subasta había también una carta escrita por la actriz estadounidense Marilyn Monroe -firmada con su nombre real, Norma Jane Beaker- a su primer marido, James Dougherty, que tampoco se vendió.

fuente: RTVE.es, EFE

jueves, 13 de junio de 2013

Medio siglo del rodaje de Cleopatra

Elizabeth Taylo
Seguramente el legendario violeta de sus ojos se volvió arcoíris pirotécnico y concéntrico cuando escuchó el «de acuerdo» al otro lado del teléfono.
—No te lo vas a creer. Les he pedido un millón de pavos más beneficios en broma... ¡y me han dicho que sí!
A su agente también se le harían las pupilas chiribitas (aunque solo un 10 por ciento, ya se sabe) mientras Elizabeth Taylor, sin borrar la sonrisa nerviosa de su sobrenatural rostro, susurró al auricular:
—¿Cuándo empezamos?

En realidad, la pregunta correcta hubiese sido otra: ¿cuándo terminamos? Porque ni la Taylor, ni su agente ni la Fox, y ni mucho menos Rouben Mamoulian (su primer director) o Joseph Leo Mankiewicz  (su segundo director) podían imaginarse que Cleopatra, una sencilla peliculita de bajo presupuesto y con decorados reciclados, fuera a convertirse en uno de los cataclismos económicos más rotundos de la historia de Hollywood y uno de los rodajes que más cataratas de tinta y lágrimas ha provocado.
La verdad es que, contemplando la espléndida, majestuosa y bien peinada versión en Blu-ray, edición especial 50 aniversario, que acaba de editarse en España, nadie adivinaría el desastre de su concepción, aunque rastreando los extras del disco ya se va haciendo uno a la idea de la serie de catastróficas y rocambolescas desdichas y peripecias que rodeó a un proyecto que arrancó en 1958 con el pie izquierdo, ya que los primeros candidatos apuntaban a Alfred Hitchcock como director y, como protagonista, a Audrey Hepburn o... Marilyn Monroe. Afortunadamente, alguien del estudio sugirió a «la gata sobre el tejado de zinc», que sacó sus aires (huracanados) de diva a pasear exigiendo, aparte del «kilo» pactado, suites de lujo, Rolls Royce a la puerta y billetes de primera a tutiplén entre Los Ángeles y Londres.

Cleopatra
Sí, Londres. Porque a los productores no se les ocurrió mejor lugar para recrear el Antiguo Egipto que los muy british Estudios Pinewood, en el corazón de la City. La famosa niebla de El Cairo, ya se sabe. Así, entre chaparrones helados, decorados chorreando y extras con faldita romana exhalando vaho, el presupuesto se iba agrandando a la misma velocidad que el contorno de Liz Taylor, que mataba el rato devorando hamburguesas (borrachas de whisky), haciendo que los trajes de Christian Dior volaran a París, y quejándose de unas jaquecas que resultaron ser algo más que efectos de la resaca: según el mismísimo médico de la Reina Isabel II, Lord Evans, meningitis.

Segundo acto: Estudios Cinecittà, 1961. La antorcha olímpica de Roma ya se había apagado y por fin Cleopatra podría trasladar sus bártulos a su localización original. Pero fue peor el remedio que la enfermedad (por cierto, Taylor, que acababa de curarse de la meningitis, agarró una neumonía que estuvo a punto de mandarla al otro barrio, aunque por el camino le cayó un Oscar por Una mujer marcada), ya que la «idiosincrasia italiana» provocó que volaran del plató todo tipo de enseres valiosos. La situación era prácticamente insostenible y, para colmar el vaso, solo faltaba otro gallo en el corral:
«Tengo que ponerme la coraza para enfrentarme a Miss Tetas».

Así le confesaba a un amigo de barra de bar, con su voz de yacimiento galés, el encargado de sustituir a Stephen Boyd como nuevo Marco Antonio de la película (Rex Harrison ya había hecho lo propio con Peter Finch en el papel de Julio César): Richard Burton, un retaco de metro sesenta y cinco con el rostro picado de viruela pero con capacidad de seducción casi clorofórmica. Y la Taylor, alias Miss Tetas, cayó en sus redes justo hace 50 años. Para la Fox, lo que cayó del cielo fue genuino maná publicitario. Ya no importaban los millones que se evaporaban. Ni siquiera que el guión lo reescribiera Mankiewicz, a golpe de dexedrinas, de noche para rodarlo la mañana siguiente. Ni tampoco que las extras que interpretaban a las doncellas pidieran guardaespaldas para protegerse de las manos largas de espontáneos y figurantes (la llamada «huelga de las esclavas»). Había que agarrarse como un clavo ardiendo a aquel romance.


Burton & Taylor
Último acto: Darryl F. Zanuck, todopoderoso mandamás de la Fox, interrumpió su «retiro espiritual europeo» para intentar frenar la hemorragia de 40 millones de dólares de pérdidas. La consigna era clara: aprovechar el idilio antes de que se enfriara y, de paso, frenar los delirios de Mankiewicz, cegado ante la magnitud de su obra y emperrado en dividirla en dos partes. Como buen «administrador», Zanuck aplicó tijeretazo a diestro y siniestro y anunció el estreno del filme el 12 de junio de 1963 a un precio de 5,50 dólares por entrada (tres veces más de lo habitual). La jugada le salió medio bien, dentro de lo que podía haber sido: Cleopatra recaudó 26 millones de dólares (de los 44 que acabó costando, unos 300 al cambio actual, a la altura de La puerta del cielo, Titanic o Avatar), ganó cuatro Oscar (técnicos) y las demandas al estudio del equipo artístico fueron cayendo en saco roto, previo pago por el silencio, claro. La aventura había acabado. Y, con ella, toda una época del cine clásico, una arquitectura babélica y forjadora de sueños a golpe de talonario y de egos desbocados. Hollywood ya no era babilónico, ni mucho menos faraónico. El director volvería a coger la batuta y a rodar a ras de suelo, por vericuetos polvorientos y baches en el camino si hacía falta. Al menos, durante una década prodigiosa en la que parió joyas como Bonnie and Clyde, Easy Rider, El Padrino o La huella, testamento magistral y «doméstico» del bueno de Mankiewicz. Y todo, gracias a una Reina del Nilo con el hígado demasiado pequeño y los pechos demasiado grandes.



fuente: ABC

martes, 11 de junio de 2013

50 aniversario de Cleopatra

Con motivo del 50 aniversario de la película, Canal Hollywood ha querido rendir homenaje a Cleopatra, dirigida por Joseph L. Mankiewicz y protagonizada por Elizabeth Taylor y Richard Burton. Por ello, el canal de pago ha decidido emitir este miércoles, 12 de junio, a las 22:00 horas esta histórica cinta que destila romanticismo durante sus cuatro horas de duración y que, debido a su elevadísimo presupuesto, supuso toda una revolución en la meca del cine.

En conmemoración al aniversario de la película, laSexta 3 ha emitido este lunes un reportaje sobre las grandes peculiaridades de esta superproducción. Su rodaje comenzó en Londres en 1960, pero la fría ciudad no logró convencer a Mankiewicz, por lo que el equipo de producción decidió desmantelar todo el escenario creado en la capital británica y lo construyó de nuevo en Roma, donde finalmente se rodaría la épica cinta. La película llegó a los cines en 1963 después de tres años de grabación, que también contó con la localización de Almería para rodar una de sus batallas.


Además, el rodaje se suspendió temporalmente por Elizabeth Taylor, que durante la grabación de la película sufrió una neumonía debido a la cual tuvieron de practicarla una traqueotomía. La actriz "firmó un contrato por un millón de dólares, pero por retrasos acabó cobrando siete millones", informa el reportaje. Su cicatriz en el cuello podía observarse en algunas escenas del film.

La cinta, cuyo metraje final era de seis horas aunque tuvo que recortar dos horas y medias, llegó a costar veinte veces más del presupuesto previsto (de los dos millones de dólares iniciales, se pasaron a los 44 millones al finalizar la producción), convirtiéndose en una de las películas más caras de la historia del cine.

Cartel promocional de
Cartel de Cleopatra

Título original: Cleopatra
Año: 1963
Duración: 243 min.
Director: Joseph L. Mankiewicz
Guión: Joseph L. Mankiewicz, Ranald MacDougall, Sidney Buchman
Reparto: Elizabeth Taylor, Richard Burton, Rex Harrison, Pamela Brown, George Cole, Hume Cronyn, Cesare Danova, Kenneth Haigh, Roddy McDowall, Martin Landau, Robert Stephens


La cinta cuenta la historia de la reina del Nilo y su relación con Marco Antonio y el general Julio César, en la que éste último se ve obligado a visitar Egipto para evitar la guerra civil provocada por la falta de entendimiento entre Cleopatra y su hermano, que comparten el poder en Egipto. César, cautivado por la inteligencia y belleza de la joven, la proclama reina indiscutible del país y, tras el nacimiento de su hijo Cesarión, la convierte en su esposa.

Traiciones, celos, seducción y pasión con los ingredientes de una obra que demostró el fuerte imán de Taylor para la cámara, con esos verdes ojos imposibles de olvidar. La película ganó cuatro Oscars: el de Mejor Dirección Artística, Mejor Fotografía, Mejor Diseño de Vestuario y Mejores Efectos Especiales. Apoyada por un gran reparto y vestuarios de ensueño, este es el retrato épico de la mujer que conquistó a dos de los más grandes soldados de Roma, cambió el curso de la historia y ha pasado a la historia como sinónimo de seducción.

Fuente: formulatv.com, LaSexta3